¿Cuidar o Velar?

Ana, de tres años, está jugando en el parque. Un niño se acerca a ella le quita el juguete, la empuja y ella llora. Mamá que ve la escena se levanta, busca a ese niño, le quita el juguete y se lo devuelve a su hija.
La mamá de Ana ha resuelto satisfactoriamente el problema de su hija, pero ¿y Ana? Ha sido una mera espectadora, y cuando vuelva a suceder otra situación parecida volverá a recurrir a mamá. Ella no sabrá cómo resolver este problema.
A menudo, los padres, de manera inconsciente, tienden a hacer de barrera entre sus hijos y sus problemas, para evitar que ellos sufran. No se dan cuenta de que con esta actitud lo que consiguen es que sus hijos no encuentren estrategias para enfrentarse a los problemas, ni de pequeños, ni de mayores.
Es cierto que los niños nacen muy indefensos y necesitan del amor de sus padres para desarrollarse como persona, pero crecer implica, en función de su edad, la consecución de algunos logros tales como:
•Conquistar su autonomía.
•Desarrollar estrategias para resolver conflictos y dificultades.
•Tolerar la frustración.
•No siempre las cosas son cuando uno quiere y como uno quiere, por tanto, hay que aceptar las alegrías y los fracasos.
•Tener cierta libertad para tomar decisiones y aceptar sus consecuencias.

Aunque estas cuestiones parecen una obviedad, me encuentro cada día con muchos padres con grandes dificultades en este terreno, y por tanto me encuentro con niños de cinco y seis años que siguen tomando biberón o que sus madres les visten todas las mañanas para ir al cole. ¡Cuidado! Son niños de 5 años no bebés de 5 años.

Muchas veces los padres justifican su actuación diciendo que es por comodidad, que no tienen tiempo, etcétera. Puede haber mil excusas, pero lo cierto es que al niño le hacen un flaco favor. Estos niños se vuelven dependientes del adulto, inseguros en sus acciones, con dificultades para enfrentarse a situaciones difíciles. Y eso sí, de repente a los quince años se le exige que madure, que se responsabilice de sus tareas, que tiene derechos y obligaciones. Esto no se aprende de repente, es un aprendizaje que se da desde el nacimiento y, aunque no hay pautas para educar a nuestros hijos, el único modo de ayudarles a superar las dificultades es dejándoles que se enfrente a ellas desde pequeños.
Al niño hay que hacerle sentir que sus padres creen en él, que él puede hacer cosas cada vez más difíciles (subir a un tobogán más alto, saltar dos escalones, comer solo aunque se manche, etcétera). Y si se equivoca, de eso también se aprende. Por tanto, hay que ayudar al niño a que encuentre nuevas soluciones para sus problemas y a que asuma que no todo es cuándo y cómo él quiere, sino que hay unos límites.
¿Cómo podemos ayudar al niño en este proceso?
Transmitirle cariño, confianza en sus posibilidades y comprensión ante las dificultades.
Plantear unos límites claros y coherentes.
Ayudarle a buscar estrategias para solucionar sus problemas. No resuelva por él ni le de la solución del problema. Pregunta qué puede hacer.
Por último, quiero insistir en la idea de que querer mucho a un hijo no implica evitarle todos los sufrimientos. Los excesos nunca son buenos, por tanto, hay que tener cuidado de no caer en los extremos de la sobreprotección ni en los de la sobreexigencia. Ambos extremos tienen siempre más consecuencias negativas que positivas.

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